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Pollo relleno para Navidad


Ya huele a Navidad.

¿No lo sientes por todas partes?

No, no me refiero a los escaparates ni a los anuncios de la tele, me refiero a tus pensamientos, a las conversaciones de la gente, al frío de la calle y al calor del hogar, todo huele a Navidad.

Ya. Qué me estoy poniendo un poco tonta, verdad?!

No sé porqué siento (seguro que es cosa mía) que tengo que justificarme por gustarme la Navidad. Será porque no soy nada religiosa y esta es una fiesta tan profundamente religiosa que parece una contradicción. Lo es, sin duda, para que negarlo...?

Entiendo los motivos que aduce la gente para detestar la Navidad, el consumismo feroz, las reuniones familiares forzadas, las cenas de empresa, la casa llena de purpurina por todos lados, los villancicos, los atracones, los niños en casa...

Lo entiendo pero no lo comparto, será porque de un tiempo a esta parte no hago nada que no quiero hacer, no quiero decir que no siga ningún convencionalismo, ni que todas las mañanas me levante feliz y contenta para ir a trabajar, pero intento amar todo lo que hago y me quedo con lo bueno de cada situación, y os aseguro que funciona, aunque esto daría para cuatro o cinco entradas o quizá un libro entero.

Así pues, en Navidad consumo lo que quiero, lo que no, se queda en las estanterías. Me encanta estar con mi familia, con la política también y aunque en mi Navidad faltan personas que se han ido, las tengo en mi corazón. Me chifla irme con mis compañeros de trabajo de cena, es una oportunidad de pasarlo bien con gente con la que habitualmente no sales y si no quisiera ir, nada me impide quedarme en casa. Como me encanta la decoración, la Navidad me da la oportunidad de poner mucha fantasía y mucha luz en casa. Me gusta muchísimo despertarme por la mañanas y que los niños estén en casa, jugar en la cama con ellos, los abracitos, los desayunos en familia... que conste que a veces me sacan de quicio y digo lo de "con lo bien que estáis en el colegio..." Y la cuestión de los atracones también es muy personal, si quieres te das el atracón de gambas y polvorones y si no quieres no te lo das. Lo de los villancicos sería una razón para odiar la Navidad, pero me parece insuficiente contra tanto buen rollo. ¿No?

Ya sé porque me huele a Navidad. Es porque he hecho pollo relleno del que se hace para Navidad. La idea era prepararlo, hacerle unas fotos y congelarlo para alguna cena navideña, que por cierto se puede hacer y luego queda perfecto. Pero en cuanto lo vieron en casa no hubo forma, esa misma noche para cenar tuvimos pollo relleno. 

Os cuento como se hace, y por favor, no os asustéis por el tamaño de la receta. Este es un pollo relleno, totalmente deshuesado que se come facilísimo y gusta a todo el mundo. La receta es laboriosa pero fácil y el resultado es espectacular, está buenísimo...

Pollo Relleno de carne y frutos secos. (Deshuesado)

Ingredientes
1 pollo de corral de buen tamaño.
500 gr de carne picada (pollo y ternera)
1 copa de brandy
50 g  de ciruelas pasas
30 g de pasas de uva moscatel
30 g de arándanos secos
20 g de piñones
2 zanahorias pequeñas
3 huevos
2 rebanadas de pan de molde sin corteza
1 copita de leche
6 lonchas de bacón
Aceite de oliva
Sal y pimienta negra
1 bouquet garni
Para la guarnición:
Lechuga escarola.
1 granada

Elaboración.

La parte más complicada de esta receta es, sin duda, deshuesar el pollo. Podemos resolver esto fácilmente pidiendo en nuestra carnicería de confianza que nos hagan tal labor. Tened en cuenta que tendréis que encargarlo con tiempo, pues deshuesar un pollo, por mucha práctica que tengan, lleva un rato y no lo hacen cuando tienen la tienda llena de clientes.

Ahora bien, si sois valientes, os apetece y tenéis tiempo o simplemente curiosidad, os explico un poco como se hace.

Necesitáis un cuchillo para deshuesar, es más largo que una puntilla y algo más fino. Debe estar muy bien afilado, esto es fundamental.

Yo empiezo por la parte de arriba. Lo abro por la espalda un poquito, no me gusta abrir del todo para no hacer mucha costura pues al asarlo suele romper por ahí. Voy metiendo el deshuesador rozando el espinazo y cortando con mucho cuidado de no romper la piel, esta será nuestra principal preocupación.
Primero separo la parte de las pechugas, por delante y por detrás y después por la parte de abajo, repito la operación para separar la parte baja hasta los muslos. Desde esa posición separo la coyuntura del entremuslo con el muslo, para poder sacar la carcasa de una pieza por arriba.

Llegados a este punto el pollo se queda sin forma ni sujeción y podremos meter bien el cuchillo para deshuesar el hueso del muslo que nos queda. Las alitas podemos dejarlas con el hueso para que conserve la forma de pollo durante el asado y al ir a cortar las retiraremos o podéis cortarlas ya y coser un poco la zona.

Yo dejo las alitas, me gusta más como queda y le doy un punto a cada muslo para que al rellenar no se salga. También dejo el culete porque al coser la parte de abajo me viene bien dar unas vueltas al hilo por ahí y se queda más seguro. Para servirlo lo quito.

Si os lo deshuesan en la carnicería posiblemente os lo abrirán por la parte de atrás, es mucho más fácil de rellenar, luego se cose intentando que quede con forma de pollo y ya está, pero la verdad es que no queda igual de bien que deshuesarlo sin cortar la piel.

Sea como fuere, cuando tengamos el pollo deshuesado lo salpimentamos bien y reservamos.

Preparar el día anterior.

Ponemos todas las frutas pasas a macerar en una copa de brandy. Si lo hacemos el día anterior mejor, si se nos ha olvidado las dejamos un par de horas por lo menos.

Cocer dos huevos en agua durante diez minutos (20 si se ponen con el agua fría) Enfriar, pelar y reservar.

Poner la carcasa y huesos del pollo con una zanahoria y el bouquet garni a cocer con agua hasta que quede cubierto y dejamos que reduzca durante un par de horas. Colar y reservar.

Pelar la zanahoria restante y partir por la mitad longitudinalmente. Hacer tiras de 3 milímetros de ancho y escaldarlas en agua hirviendo durante tres minutos. Escurrir y enfriar en agua helada.

Vamos con el relleno.

Remojamos las rebanadas de pan en leche.

Mezclamos los distintos tipos de carne picada, podéis elegir la que os guste, pollo, cerdo o ternera solos o mezclar. Yo suelo poner pollo picado y añadir un poco de cerdo o ternera que tienen algo más de grasa y queda más jugoso.

Salpimentamos la carne, añadimos una yema de huevo, las rebanadas de pan escurridas y las frutas. Guardamos el brandy para el asado.

Añadir también los piñones y mezclar todo muy bien.

Empezamos a rellenar primero los muslos del pollo, le damos un punto con una aguja e hilo de bridar para que no se salga el relleno. Metemos unas lonchas de bacón cubriendo el interior del pollo, ponemos un poco de relleno, las tiras de zanahoria y los dos huevos, cubrimos con más carne y tres lonchas de bacón más.

Nos habrá quedado el pollo más o menos con su forma original. Cerramos el pollo cosiendo la piel por arriba y por abajo.


Untamos el pollo con un poco de aceite de oliva y llevamos a asar en el horno a 170º  hasta que esté asado, aproximadamente una hora y media. Regaremos cada 20 minutos con la reducción de caldo que habíamos preparado y la copita de brandy donde hidratamos las frutas pasas. Le daremos la vuelta a mitad de coción para que se dore también por la espalda terminando la cocción por la parte superior para que quede bien doradito. Podemos comprobar la cocción con un termómetro de asado. Cuando al pinchar el centro del pollo, el termómetro marque 82º, la cocción habrá finalizado.


Servicio del pollo.

Lo ideal es cortar el pollo cuando está frío. Rebanamos, ponemos en una fuente de horno o en el microondas, calentamos y servimos inmediatamente junto con el jugo del asado que serviremos en salsera aparte.

Con respecto a la guarnición, podemos elegir lo que más nos guste, unas patatitas asadas y unas cebollitas francesas glaseadas, por ejemplo. A mí me gusta mucho como lo sirven en casa de mis suegros, donde el pollo relleno es un clásico en Navidad, con escarola, granada y huevo hilado (que no encontré para las fotos, pero en Navidad hay en todos los súper), me parece que le va de maravilla y le da un toque fresco que se agradece.


https://sites.google.com/site/muchomasquecupcakes/pollo-relleno


Espero que os haya gustado la receta de hoy, y si os queda alguna duda no os cortéis por preguntar en los comentarios, el facebook o en el correo del blog.

Muchos besitos navideños.


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Solomillo relleno en hojaldre


Rollo decorado con salmón a las finas hierbas

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Solomillo Relleno en Hojaldre

No sé si os pasa como a mí. Llevo casi un mes escuchando lo que cada uno comerá el día de nochebuena. Y como soy muy analítica, llevo una especie de ranking mental con los platos favoritos para estos días. El número 1 puede que sea el cordero, seguido de cerca por el número 2, los rellenos varios; pollo, redondo, solomillo, etc. Los pescados también tienen su público, besugo al horno, suquet de rape, bacalao...y gambas, gambas, gambas. Aunque también he oído, tortilla de patata, libritos de lomo, croquetas de la abuela, hasta pizza. En fin y vosotros ¿qué cenaréis en nochebuena?

Yo aún no lo sé, cenaré en casa de mis suegros y como tengo la suerte de que mi suegra es una magnífica cocinera, sea lo que sea, estará de chuparse los dedos.

Os dejo con una propuesta de relleno y hojaldrado, que sea para Navidad o para cualquier ocasión es éxito asegurado.



Solomillo Relleno en Hojaldre.

Ingredientes (para 2 o 3 raciones)
Un solomillo de cerdo de 500 gr. aproximadamente
200 gr de carne picada de pavo o magro de cerdo.
1 rebanada de pan de molde
100 ml de leche
1 huevo 
4 o 5 ciruelas pasas
un puñadito de pasas
4 o 5 orejones (albaricoques secos)
Un cucharada sopera de piñones pelados
Una cucharada de postre de mostaza a la antigua
Una cebolla pequeña
Una cucharada sopera de azúcar
Aceite
Sal y pimienta
Una plancha de hojaldre congelado o fresco.
1 yema
Para la guarnición
Una patata mediana
Una manzana
Un puñadito de frutos secos (de los que lleva el relleno).
Una nuez de mantequilla.

Elaboración.


Limpiar  el solomillo del cordón y abrirlo en forma de libro . Salpimentar y reservar.
Poner un poco de pan de molde sin corteza a remojar en un poco de leche.
Cortar  la cebolla en juliana y pochar en una sartén con un poco de aceite. Dejar a fuego muy suave y tapada.
Mezclar la carne picada con un huevo y la rebanada de pan de molde escurrida.
Picar las ciruelas, pasas y orejones (yo lo hago con la thermomix pero lo podéis hacer con el cuchillo), añadir a la carne.
Incorporar los piñones, sal y pimienta y mezclar todo bien.
Comprobamos como va la cebolla y si ya está tierna le echamos una cucharada de azúcar para que se caramelice.
Rellenamos el solomillo con la carne picada. Lo colocamos en el centro en todo el largo del solomillo.
Repartimos la cebollita por encima de la carne picada y ponemos un poco de mostaza por encima.
Cerramos el solomillo y bridamos.
Sellamos el solomillo en una sartén con el fuego vivo por todos los lados. Reservamos hasta que enfríe.
Quitamos el hilo de bridar con cuidado de que no nos quede ningún trozos.
Dividir en dos o tres raciones, dependiendo del tamaño del solomillo y del apetito de los comensales.

Hojaldrado
Preparamos un trozo de hojaldre suficiente para cubrir toda la ración de solomillo.
Podemos optar por hacer un paquete sencillo, dejando la parte lisa arriba y poner algún detalle de hojaldre arriba o hacer algo como veis en el paso a paso. Todo depende de gustos o de la destreza de cada uno.
Pintamos el hojaldre con una yema batida con una cucharada de leche.
Horneamos en horno precalentado a 180º durante 20 o 25 minutos, con calor abajo y ventilador.


Guarnición
Admite muchas guarniciones, al gusto, pero yo me he decidido por las patatas a lo pobre con un poco de manzana y frutos secos caramelizados con un nuez de mantequilla y una cucharadita de azúcar. Le da un toque dulce que al cerdo le queda genial.

Nota
Podemos congelar el solomillo hojaldrado antes de pintarlo. Esto nos permite tener un plato de lujo preparado para usar en cualquier momento.
Podemos hornearlo congelado, añadiendo diez minutos más al tiempo o bien, si nos acordamos, sacarlo un día antes a la nevera y hornear como si lo acabásemos de preparar



Espero que os guste mi propuesta, tiene un poquito de faena pero vale la pena. Todo lo bueno cuesta, ya sabéis. No dejéis de contarme que os gusta preparar en días especiales.
Besos


Risotto de rebollones y pato

Estamos en época de setas, antes de que nos quedemos sin ellas hasta el año que viene y la Navidad lo inunde todo con sus dulces y sus platos de etiqueta, quiero dejaros una propuesta de arroz con rebollones y pato en confit que es un delicia para estos días de frío.


Ingredientes para 4 raciones

360 gr de arroz (especial para risotto)
1 litro y medio de caldo de pollo
150 ml de vino blanco seco
1 muslo de pato confitado
Un poco de la grasa del confit
8 rebollones (dependiendo del tamaño y del gusto de cada uno)
60 gr de parmesano en polvo
Unas hebras de azafrán
sal y pimienta

Elaboración
Ponemos el caldo a calentar y el vino en recipientes distintos.
Deshuesamos el muslo de pato en confit, le quitamos la piel y hacemos tiritas.
Lavar las setas. Con un pincel le quitamos toda la posible tierra y con un hilito de agua las lavamos. Secar con papel y trocear. Dejaremos cuatro trozos más grandes para poner sobre el risotto en la presentación.
Calentar en el cazo donde vamos a hacer el arroz, un poco de grasa del confit. Echar las setas y saltear. Incorporar el pato.
Tostar una hebras de azafrán y añadir.
Incorporar el arroz.
Lo suyo es usar una variedad  de arroz italiano tipo Vialone Nano o Carnaroli que son arroces más resistentes a la cocción con una buena absorción de los líquidos y baja pérdida del almidón.
Aunque el hecho de no tener a mano estas variedades no os debe privar de la satisfacción de comer un risotto. Esta vez he usado un arroz Bomba y queda muy bien, suelto pero a la vez cremoso y con el corazón al dente, pero tendréis que estar muy pendientes de sacarlo y servirlo rápidamente con los comensales en la mesa esperándolo.

Técnica para hacer el risotto.

Cuando tenemos la base del arroz bien sofrita, echamos el vino que tiene que estar en ebullición y dejamos que el arroz lo absorba .
Incorporaremos el caldo poco a poco y siempre en ebullición para no romper la cocción del arroz.
Tenemos que ir jugando con la adición del caldo de forma que no ahoguemos el arroz con mucho caldo pero no se quede seco en ningún momento. Iremos moviendo y añadiendo caldo para que quede suelto y cremoso hasta que el arroz esté en su punto (unos 18 minutos).
Justo en ese momento añadimos el Parmesano y removemos.

Servimos nuestro arroz acompañado de una seta que habremos hecho a la plancha y mantendremos caliente hasta el momento de servir.



Si os gusta el arroz, podéis probar con el arroz con bogavante o el del señoret, uno meloso y otro seco que son igualmente deliciosos.

Hasta la semana que viene.

Sandwich de pollo con Camembert e higos confitados

Siento pasión por los quesos en general, por los españoles, los suizos, los franceses, los italianos... cada uno tiene un encanto especial. Hay un queso para cada ocasión y una ocasión para cada queso. Y ¿qué me decís de las muchas combinaciones que podemos hacer?
El Manchego con un tinto con cuerpo.
El Cabrales con nueces y pasas
El Gruyère con manzana
Y el cammembert con higos.
La lista es infinitamente larga y podríamos estar aquí todo el día. Seguro que vosotros tenéis alguna sugerencia, soy toda oídos...

La primera vez que probé el Cammembert con higos tenía 19 años, fue en Perpignan, hace casi 20 años y lo recuerdo perfectamente. Había una fromagerie pequeñita abarrotada de quesos hasta el techo, en la misma calle del apartamento donde nos alojábamos, en el caso histórico.
A esa edad todo te parece maravilloso. Para desayunar nos servían croisants recién hechos, mantequilla (no he vuelto a probar otra igual) y mermelada de fresa, en una mesita redonda pequeñita. Lo tengo grabado en la memoria como la escenificación del lujo, ese lujo sencillo que es más un sentimiento que una realidad.
Cuando pasaba delante de la fromagerie, me quedaba siempre un instante, admirando los quesos, embriagada por el aroma que desprendían. Uno de esos días, salió el dueño, con su delantal blanco, nos invitó a entrar y nos ofreció un trozo de camembert, untado en un pedazo de baguette crujiente con un poco de higo. Me pareció lo más delicioso que he probado nunca y así lo he guardado en mi memoria junto con los croisants recién hechos y la desvencijada escalera de los apartamentos.
Cuando me siento axfisiada por la rutina y quiero revivir aquellos años sin preocupaciones, me preparo este delicioso sandwich, muy sencillo pero riquísimo.


Los ingredientes que necesitas son:
Un par de rebanadas de pan o un trozo de bagette
Un poco de lechuga
Aceite y sal
100 gr de pechuga de pollo o pavo fileteada
50 gr de queso Camembert
1 o 2 higos frescos o confitados

Asar los filetes de pechuga. La sartén debe estar muy caliente cuando echamos la pechuga, para sellarla y que nos quede dorada por fuera y tierna por dentro.
Fuera del fuego, ponemos dos trocitos de Camembert sobre la pechuga para que vaya tomando temperatura pero sin derretirse del todo.
Montamos el sandwich poniendo unas hojas de lechuga, en mi caso era hoja de roble roja, queda muy bien con rúcula, le aporta un toque ligeramente picante muy interesante. Sazonamos.
Ponemos encima los filetes de pollo con el Camembert y los higos.
Ya lo tenemos preparado. El higo lo hace muy jugoso pero si no os gusta, podéis probar con un poco de mermelada de frutos rojos. (A mí tampoco me gustaba el higo hasta que lo probé con Cammembert)
                                                                                                                                                                     

Confitura de higo

Hacer confitura de higo se convierte la mayoría de las veces en una necesidad, sobre todo cuando llega alguien con una cesta llena de higos porque su higuera está a reventar y sabe que a ti te gustan. Y a ti te gustan, pero no para desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar...
Lo mejor en estos casos, después de comerte unos cuantos con unas rosquilletas, es hacer confitura, así tendrás para unos meses, que está genial con queso, con carne roja, incluso con aves.
A mí me gusta lavarlos, cortarlos por la mitad  y más o menos con el mismo peso de azúcar que de higos ponerlos en un cazo y a cocer con el zumo de medio limón hasta que se vaya consumiendo el agua que ellos mismos van soltando. No hago conserva, prefiero congelarla en botes pequeñitos e ir sacando a medida que los necesito, pero eso depende de la cantidad que hagamos y la capacidad del congelador.
Si os apetece hacer conserva, ya os dejé en la mermelada de mango un enlace a una entrada magnífica de velocidad cuchara, y también deberíais ver la entrada sobre cómo hacer confitura de Bajo una nube de azúcar glas, es lo más completo que he visto en años.
                                                                                                                                                                   



Este sandwich está buenisimo caliente o frío, por eso es perfecto para una cena rápida o para llevar a un picnic.
Podéis ver más propuestas de cosas deliciosas para llevar a un picnic en el sorteo del mes de agosto de La cuinera, en el que participo con esta entrada.

Feliz finde y hasta la próxima entrada


Costillar adobado con miel

El martes acabó MasterChef, y parece que nos hemos quedado huérfanos...
Me ha recordado cosas que había dejado olvidadas y me ha confirmado otras tantas a las que llevo dando vueltas desde hace tiempo,  relacionadas con la cocina, pero también con la vida...
La frase del maestro, Ferran Adrià, "No busques el éxito, busca la felicidad", encierra la esencia de la excelencia en la cocina. Una cocina hecha desde la búsqueda de la felicidad es excelente y sencilla, no es pretenciosa y prima el sabor por encima de todas las cosas.
Por otra parte, ¿os habéis dado cuenta de que el ganador ha sido el que dominó la técnica en todo momento, el que demostró que, a pesar de no ser un hacha presentando platos, o deconstruyendo recetas, dominaba la esencia de la cocina; hacer buena comida, con un buen punto de cocción, con elementos que armonicen entre sí, que entren por los ojos y sobre todo, hecho con el corazón, buscando la felicidad...?
Estoy segura de que Juan Manuel, es un tipo estupendo para sentarse en una mesa, delante de una buena comida y hablar de las cosas sencillas de la vida, y si nos acompañase Eva, con esa gracia que tiene ella, sería genial.
Me dejo muchas cosas... Podría hacer un paralelismo entre el programa y muchos blogs de cocina, cosas que me han venido a la cabeza, pero tampoco os quiero aburrir, así que nos vamos con la receta de hoy.

Costillar adobado con miel. (para 2 costillares)

Dos costillares de cerdo carnosos
Verduras para acompañar,
(Podéis poner lo que queráis, cebolla, patata, pimiento, champiñones, berenjenas...)
Aceite y sal, para las verduras
Adobo



Elaboración:
Mezclamos bien todos los ingredientes del adobo en un recipiente lo suficientemente grande para meter los costillares, que embadurnaremos bien por todos lados con el adobo para que se impregne de sabor. Dejaremos macerar bien cerrado en la nevera, al menos, una noche.
Al ir a preparar los costillares, los sacaremos del adobo y lo reservaremos para ir regando la carne poco a poco durante la cocción.
Precalentamos el horno a 180º.

Sobre el asado de las verduras

Cortamos las verduras que acompañarán a la carne. Podemos cortar por la mitad o en rodajas, a mí me gusta hacerlo a rodajas porque el costillar se hace bastante rápido y corremos el riesgo de que las verduras no se hagan. También tenemos la opción de poner las verduras a asar primero, sobre todo la patata y la cebolla, o cualquier verdura que tarde en asar. Los pimientos, champiñones o berenjena, tardan menos. Si tenemos verduras con diferentes puntos de cocción, pondremos las más duras primero con la carne y a mitad de cocción añadimos las más blandas. Pondremos un poco de aceite sobre las verduras antes de asarlas y la sal la dejamos para el final.


Ponemos  la carne con las verduras en una bandeja de horno y asamos durante 25 minutos.
Sacamos del horno y regamos con parte del abodo, le damos la vuelta a las verduras si lo vemos necesario y añadimos el resto de las verduras, yo en este caso añadí el pimiento, dejamos 15 minutos más en el horno. Pasado este tiempo damos la vuelta al costillar para que se tueste por el otro lado y ponemos el grill, también comprobamos si las verduras están asadas, para sacar las que pensemos que ya no necesitan más horno. Metemos 10 minutos más y pasado este tiempo, regamos con el resto del adobo y seguimos horneando 10 minutos más.
Con una hora debería estar completamente asado y dorado, pero esto es algo que vosotros mismos tenéis que juzgar, pinchando con un tenedor y comprobando que no salgan jugos, o con un termómetro de asado. El punto de la carne también es algo muy personal, aunque el cerdo debe estar hecho, que no pasado.
El emplatado se puede hacer presentando el costillar entero o cortado en costillas. A nosotros, que somos muy rústicos, nos encanta así, completo y sobre todo chuparnos los dedos entre costilla y costilla. jajaja...;-P


Solo otra cosa, se puede hacer el costillar , adobado de la misma forma, en la barbacoa, con las brasas suaves, está increíble...
¡Qué disfrutéis mucho del fin de semana! y ya sabéis... buscad la felicidad, que el éxito, con esta receta, lo tenéis asegurado!



Brocheta de pollo y langostinos al aroma de jengibre

Esta receta debería llamarse; 

Brocheta de pollo y langostinos con uvas al aroma de jengibre con nidos de espinacas al aceite verde.




Supongo que es pasarse...
Resumiendo pues....


Ya os he nombrado casi todos los ingredientes y veis que brochetas más sanas...?

Para mí, una receta sana, no tiene porque ser sosa, sin sustancia o sin gracia. Al contrario, tiene que ser apetecible, con un extra de sabor, que te entre por los ojos y te diga "cómeme...". Si además, une dos proteínas de alto valor nutritivo y bajas en calorías, junto a los hidratos de carbono y las propiedades antioxidantes, vasodilatadoras y antibacterianas de la uva, el jengibre, las espinacas, y el aceite de oliva virgen extra... todo ello rico en vitaminas y minerales. Una cocción a la parrilla, sin grasas y una presentación en brocheta, que siempre da un toque más trabajado al plato...  ¿La receta perfecta? Vosotros me diréis...

Se pueden tener preparadas para una parrillada con amigos, que es algo que me encanta, los chicos en la parrilla con las cervecitas y nosotras con el vinito, poniéndonos al día. jajaja...;-)

Ingredientes (para 8 brochetas)
2 pechugas de pollo grandes
16 langostinos grandes
24 uvas rojas grandes
4 nidos de espinacas (de pasta fresca o seca)
Un puñado de hojas de espinaca baby
50 ml de aceite de oliva Virgen Extra
Sal

Ingredientes para el adobo:
El zumo de dos naranjas pequeñas
20 ml de salsa de soja
30 ml de aceite de oliva Virgen Extra
Un trocito de jengibre
1/2 cebolla tierna
sal y pimienta

Rallar la cebolla y el jengibre, añadir el resto de los ingredientes del adobo y reservar  en un bote de cristal. Agitamos el adobo para que se integren todos los elementos. El bote tiene que ser lo suficientemente grande para meter los langostinos pelados y los dados de pollo en el adobo.
Cortar las pechugas de pollo en trozos regulares. Os tienen que quedar 24 dados. Incorporar al bote del adobo. Lo mejor es que todos los elementos que componen la brocheta sean del mismo tamaño, aproximadamente.
Pelar los langostinos y meterlos en el bote que teníamos el adobo, junto con los trozos de pollo.
Dejar macerar en la nevera durante 24 horas.
Sacar los langostinos y el pollo del adobo e ir formando brochetas, alternando la uva, el pollo y los langostinos. Reservar el adobo.
Precalentar la plancha.
Poner agua a hervir, la necesaria para cocer los nidos.
Hacer las brochetas en la plancha. Con un pincel, iremos pintando con el adobo, nuestras brochetas.
Mientras, preparamos un aceite de espinacas, con los 50 ml de aceite y el puñado de espinacas baby, limpias y sin tallos, en crudo, triturándolo todo con el turmix. Rectificamos de sal.
Dar vueltas a las brochetas, para que se hagan por todos lados sin quemarse.
Se pueden tener hechas con antelación y darles un golpe de horno para calentarlas en el momento de servir.
En el último momento, hacemos los nidos en el agua hirviendo, sin moverlos, para no deshacerlos. Cuando estén al dente, los sacamos con una espumadera, uno a uno y dejamos escurrir.
Disponer en un plato, uno por comensal, junto a dos brochetas y regar la pasta con una o dos cucharadas de aceite de espinacas.



Sano, veraniego y muuuuuy rico...



Nota: Con esta receta participo en el concurso de recetas sanas de "La Cuinera"
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